Llegará un momento y no muy tarde
en que caminaré escondido en
los zapatos,
con la mirada recogida en
busca de su centro.
Llegará un momento y no muy tarde
en que las ideas se
apolillarán
en los armarios del
pensamiento.
En que ni un bendito sueño
restituya
el cansancio acumulado.
La mera ordenación de las
cosas
resulte tarea azarosa,
lo cierto siembre dudas en la
conciencia
y en mi oído
deje de soplar el viento.
Llegará un momento y no muy tarde
en que sobre mí las
estaciones
resbalen como la lluvia
por el tallo florido de las
plantas.
Las lágrimas se abrirán paso
sin que yo les dé permiso
y la voz se enredará en mis
labios
en un duelo de signos
desnudos.
Navegaré las horas sin sombra
ni pasado
en ese triste estado de la
desmemoria.
La soledad, como un imán,
se pegará a mis huesos
y el rastro de un beso
se lo habrá llevado el
vendaval del olvido.
Andaré por ahí, a la búsqueda
de nadie,
por la mañana a coger aire,
por la tarde a administrar su
don.
Llegará un momento y no muy tarde
en que un inclemente viento
se cuele en mi sangre
y, la piadosa noche desvaine
su sable
al despuntar el alba,
en ese empeño de traspasar la
luz
a quién el sol ignora en la
mañana.

Muy bueno Ana, me ha gustado mucho.
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