Mis manos
Mis manos, cansadas en la lentitud, se posan sobre mi regazo
en el sigilo anidado, en la figuración.
Mano sobre mano, mis manos,
sosiegan su cansancio de siglos laboriosos.
Se aferran en la inhabilidad y el extravío.
Hacen preguntas al vacío…
Solicitan amparo, mendigan cariño,
buscan el calor de otras manos.
Se alzan confiadas en la celebración de la caricia,
se despliegan en la exquisitez del tacto.
Mis manos, sostienen la verdad delante de mis ojos,
dibujan el mapa de los afectos, se crispan
en la decepción del abandono.
Sienten el frío, la aspereza de la corteza del álamo.
Enarbolan la bandera blanca del sentimiento,
se despliegan en la privacidad de las auroras,
hablan en todos los idiomas,
me salvan de la tristeza.
Son patria, caldero de agua, cazuela ancha, refugio
sin puertas donde todos tienen su lugar.
Mis sarmentosas manos, se mueven en la inercia del intervalo
que va, de la tierna niñez a la apatía de esta desasistida hora.
Amarillas de vejez,
descansan debajo de su sombra.
Se ocultan ante la imposibilidad de alcanzar la luz
en las tardes rigurosas.
Más, todavía, mantienen la fuerza, remueven la tierra,
esparcen la semilla del amor, se abren al sol de la esperanza, mis
manos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario