Cuando,
de repente, en un sonoro día
comienzas
a apreciar un vacío aislamiento,
y
te sientes extrañamente solo
entre
expectantes sombras de silencio,
cuando
una nube invade el soberbio cielo,
turba
la mirada de los agrisados ojos
del
arrogante león -que fueras-,
mil
pájaros aletean
en
la nave oscura de tus pupilas:
lo
inmediato se rebela en evidente desorden
sedimentando
en la sangre, el recelo.

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