domingo, 12 de abril de 2015


Cuando llorar no se puede,
el corazón toma forma de océano
y sus olas ascienden o retroceden, en vértigo,
entre sentimientos de ahogo y de fracaso.

Cuando una lágrima oscuramente encerrada en su pureza,
se fija quieta,
sin tacto ni peso,
en el mismísimo borde del fanal sin llegar a alcanzar su base
en el azul de su transparencia
y rema hacia lo oscuro, en una negación fatalista,
hasta que se condensa al borde de la tumultuosa amargura…
El sedimento subyace en el fondo del espíritu

De alguna manera se ha de purgar la pena que asalta nuestro ánimo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario