No nos busquéis en la
mordacidad de las palabras,
en la inutilidad del
griterío, ni en la gesticulación sin más reseña.
Buscadnos en el temblor de los sonidos, en la
reverberación de la afonía… donde las partículas de voz esplenden.
En ese punto de quietud donde los sueños y las
señales,
el pasado y el porvenir, la suerte y el destino en
combate con la edad añosa,
asienta la pupila para prolongarse.
Buscadnos en la declinación del estío, donde curiosos los
ojos, se yerguen en una aptitud de serena dignidad.
Buscadnos entre las rosas que exhalan dulzura
o al borde de ese río que es el vivir y donde corre
nuestra sangre.

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