Se descuelga la fina resudación
sobre la desnuda frente de un maltratador
y baña el gesto adusto de su
cara pertinaz e incorregible,
se le adentra en la boca y
queda por un instante retenida
hasta que un hálito de aire la
hace resbalar hacia el tragadero
donde quedará confinada, en la
entraña del perturbado.
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