domingo, 24 de enero de 2016

Lástima de corazón.
Helado, tiembla, ante el furor que le humilla.
Dotado de transparencia, su esponjosa inconsistencia
- indefensa adarga -, donde se incrustan las flechas,
los dardos de la malicia.
Su traslúcido semblante, palidece en la desdicha.
Traga el acíbar amargo, que le escupe su enemigo.
Lascivo volcán de odio. 
Pobre corazón: Cautivo de su bondad...

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