Deja que los ojos levanten el vuelo
cual pájaros de aire.
Deja que refulgen con centelleo de
oro frente al astro rey.
El mismísimo sol se place con ese fulgor que reverbera.
En la diáfana claridad, los fanales,
se abren de par en par.
Van más allá de la mirada, hasta
alcanzar el verde paraíso.

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