Pintar retratos sin modelo.
Primero pintar una dama poniéndose el sombrero ante el
espejo, con un tenue matiz.
Después trazar, con firmes pinceladas, el retrato de un hombre,
en blanco y negro.
Acaso el color sea lo de menos.
Quizá se pueda entonces pintar la realidad con sus luces y
sombras para restablecer el orden.

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