jueves, 23 de marzo de 2017


Detente sombra, no me sigas los pasos.
Mis pies van dando tumbos tratando de atisbar el horizonte,
y se me corta el aire si te pones al frente y refrenas mi marcha.

No puedo alegar nada en tu contra,
pero te ciñes a mi como esa mano que sujeta la mañana primaveral
con sus diez dedos,
y agobias.
Apareces donde menos se te espera.
Acometes sin misericordia contra mi perfil y te pones a jugar por mis márgenes.  
Con ese fino resbalar por la mullida hierba de un espacio en busca de acomodo.
Detente sombra, no entablemos una guerra.
No me sigas como Aquiles iba tras de Apolo.

Defiendo tu derecho a ser sombra,
pero invades el lugar de la luminiscencia: último refugio de los colores.




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