lunes, 3 de abril de 2017

Por la ranura del recuerdo brotan voces.
Voces cristalinas como un arroyo de montaña.
Voces que ascienden diáfanas en un juego inocente
en la paz y la frescura del alba.
Voces que rebasan las blancas cimas de los montes,
como si fueran aves migratorias.

Voces exploradoras.
Voces anónimas, que asoman y asombran.
Las siento saltar, escalar declives del espacio,
viajar por las líneas que se quiebran a cada instante
y rodar como un embolo sin guía,
del pasado a mis oídos.

Llegan con el misterio de la fe o la sublimidad del milagro. 

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