Y ES SIEMPRE el flujo y reflujo de las mareas,
el movimiento ondulado de las aguas,
el crispante desorden, el sumo escándalo.
Y es el tránsito incesante de los segundos
la vertiginosa marcha de las horas,
el trajín eterno que mueve al universo.
Trajín, que de igual forma, mueve al hombre
y le hace correr con su sangre ebria.
Ávida de amor, de fe, de valores vivos.
Y es siempre esa enloquecida confianza,
lo que le hace caminar hacia lo inevitable,
con su poder al descubierto.
Ve su sombra pegada a su costado, a su costumbre,
a su práctica, y se reafirma así mismo.
Si llegase a donde el aire va con su alianza y vuelo...
Y pone el oído y siente sus pasos en la tierra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario