martes, 5 de julio de 2011


Y ES SIEMPRE el flujo y reflujo de las mareas,
el movimiento ondulado de las aguas,
el crispante desorden, el sumo escándalo.

Y es el tránsito incesante de los segundos
la vertiginosa  marcha de las horas,
el trajín eterno que mueve al universo.

Trajín, que de igual forma, mueve al hombre
y le hace correr con su sangre ebria.
Ávida de amor, de fe, de valores vivos.

Y es siempre esa enloquecida confianza,
lo que le hace caminar hacia lo inevitable,
con su poder al descubierto.

Ve su sombra pegada a su costado, a su costumbre,
a su práctica, y se reafirma así mismo.
Si llegase a donde el aire va con su alianza y vuelo...

Y pone el oído y siente sus pasos en la tierra.

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