sábado, 9 de julio de 2011


La lechuza


Miraba el cielo negro disuelto en el reluz. Ni árboles ni casas. Destierro.
Oscuridad repartida en lo inmediato y el vacío de la noche en el oído.
Así estuvo un rato la lechuza, reposando en una incertidumbre que le ofrecía, con la misma simplicidad, una conquista y una derrota.
Mientras, el corazón permanecía en un frío lejano y corría a otro sitio.
¿Alguien sopló en su oído falsas esperanzas? Aquella energía, acaso, viniera del silencio y la sonoridad de ese silencio abarcaba más de lo que veían los ojos. Una senda empedrada hacia la luz.


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