Un pobre
infortunado
desoyendo el
rumor que canta el viento,
vaga por el
mágico escenario de la tierra.
No mira si
camina por trechos o veredas,
ignorante de
si es primavera u otoño.
Con la hondura
del cielo en su mirada,
el horizonte
suspendido entre sus pestañas,
las pupilas,
por el sol, ruborizadas,
y la
desventura amarrada al corazón…
Un hombre
infortunado,
perdido en
soliloquios y quimeras,
logró llegar a
las puertas de la salvación.

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