Me olvidé… olvidarte.
Y evoco tu
ruego:
¡No me
olvides nunca, ni dejes de amarme!
Cómo he de
olvidar si yo reclamaba:
¡Tu quiéreme,
amor y nunca me abandones!
Acaso tú,
tú... ¿ya lo olvidaste?
A mí me es
imposible, ni por un instante, olvido.
Y evoco,
una y otra vez, tu ruego:
¡No me
olvides nunca ni dejes de amarme!
No
obstante, tendré que olvidarte…
y olvidar los
besos que me diste,
antes,
antes... de tu ida.
Más,
recuerda, amor,
que para
olvidar no basta con irse,
ni con
alejarse.
No se va el
recuerdo por eso,
y tú bien
lo sabes.
Para los
amantes no existe el olvido.
¡Los grandes
amores son: INOLVIDABLES!

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