domingo, 9 de junio de 2013



Me olvidé… olvidarte.
Y evoco tu ruego:
¡No me olvides nunca, ni dejes de amarme!

Cómo he de olvidar si yo reclamaba:
¡Tu quiéreme, amor y nunca me abandones!
Acaso tú, tú... ¿ya lo olvidaste?

A mí me es imposible, ni por un instante, olvido.
Y evoco, una y otra vez, tu ruego:
¡No me olvides nunca ni dejes de amarme!

No obstante, tendré que olvidarte…
y olvidar los besos que me diste,
antes, antes... de tu ida.

Más, recuerda, amor,
que para olvidar no basta con irse,
ni con alejarse.

No se va el recuerdo por eso,
y tú bien lo sabes.
Para los amantes no existe el olvido.


¡Los grandes amores son:  INOLVIDABLES! 

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