Surge la soberbia
Como ese insulto avieso y
feo, que silba entre los dientes,
y busca en la persistencia
una salida,
como
amarillo sol que a la caída de la tarde
se cuela en los
ojos y enturbia la mirada.
Como alud que se desprende de
la cumbre y,
violento y desgajado,
se precipita por esa
quebradura de un hacer
manido e ignorado.
Como perro a la búsqueda de
caza y
bajo los arañazos del hambre,
acomete a su presa y mordisco a mordisco,
atraviesa
la noche y su espesura,
surge
la soberbia.
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